Fiesta De La Virgen del Santísimo Rosario de la Chiquinquirá de Aregue

Henry Vargas-Ávila  

Sus hijos como todos los años salen con su Madre en hombro
La Virgen del Rosario, es igualmente una devoción protectora. Existen en Carora dos vírgenes del Rosario, una ibérica y otra indígena -americana. La primera es la patrona de la ciudad de blancos que es Carora, en tanto que la segunda es una virgen india y morena que arraiga en un pueblo de doctrina de indios contiguo a Carora: la mariana población de Aregue. La patrona de Carora tiene su nicho y feligresía en la iglesia de San Juan Bautista, en tanto que los devotos aborígenes y mestizos de “La Chinca” la adoran en una iglesia construida a mediados del siglo XVIII. Los españoles ven a la virgen del Rosario como la responsable del triunfo ante el infiel turco en la batalla de Lepanto.

     Ahora bien, existía igualmente la imagen femenina representada en la virgen del Rosario, defensora de los sometidos. Los ibéricos le otorgaban a su despejada apariencia su victoria sobre la desleal treta en la famosa Batalla de Lepanto, el día jueves, 27 de septiembre de 1571.  Este trascendental hecho motiva que sea declarada patrona de Carora, ciudad fundada tres años antes de la batalla.

       Esta patrona de los blancos de Carora contrasta con la Chiquinquirá de varios modos.  Fue si no en el siglo XVII cuando se establece esta deidad femenina natural del Reino de Nueva Granada: la virgen del Rosario de la Chiquinquirá en la población de indios de Aregue, al norte de Carora.

     Virgen aindiada y de claro aspecto de morena, que es como resultado de una conjunción mestiza. Luis Eduardo Cortés Riera:

 Es la Chiquinquirá, uno de nuestros mitos fundacionales. Epítome de lo aborigen y de lo hispánico será aquel lienzo espectacular y sus milagros, que por el mes de octubre y en la segunda temporada de lluvias, celebra, rutilante y esplendorosamente, sus multitudinarias, rumbosas y pirotécnicas festividades en su honor. Tenemos fiestas, dice el mexicano Octavio Paz, porque no tuvimos Ilustración.

      Acá de hacer una distinción tajante. El precursor es el símbolo de una teología masculina que tiene como asiento a la ciudad de blancos de Carora. En tanto que La Chiquinquirá es la representación de una teología femenina con enorme poder de convocatoria que es venerada por los Otros, los que no tienen sus raíces afincadas en la península. Se trata entonces de dos arquetipos como enfrentados, el masculino de los blancos de Carora, y el femenino de los indios y mulatos de Aregue. 

      El fervor popular es lo que enaltece la devoción de la virgen india. Es la gente de los estratos más bajos de la población, analfabeta en muchos casos, los que la adoran. Agricultores, choferes, amas de casa, comerciantes, peones de hacienda engrosan los actos celebratorios de la virgen en el mes de octubre, ocasión que coincide con la segunda temporada de lluvias del semiárido larense venezolano.

    El marinismo nuestro no es solo venezolano. Es, por el contrario, una devoción continental que va desde Canadá, pasando por los Estados Unidos hasta Argentina. La mariología en Latinoamérica es una religión que no se atreve a decir su nombre, dice Bolívar Echeverría. La salvación tiene entre nosotros nombre de mujer.

    La importancia de la devoción mariana siempre ha sido clara en la vida de la Iglesia en América. Para ello citamos en resumen la Ira Conferencia General del Episcopado Latino Americano C.E.L.AM. (1955), cuando dice que, “No olviden nuestros sacerdotes y fieles que en el Santo Sacrificio de la Misa, en la Comunión frecuente y diaria, como en la devoción a María Santísima, Madre y Reina del continente americano, encontrarán el secreto de la fecundidad para la labor apostólica”.

      Cortés Riera:   Hace un interesante cotejo entre la virgen india de Aregue y los creyentes hispanos y criollos de esta devoción, basándose en la antropología estructural de Claude Leví-Strauss. Veamos:

 Ayamanes, Ajaguas Jirajaras                                          Españoles, criollos

Grupo                                                                               Individuo

Seco                                                                                  Húmedo

Tierra                                                                                Mar

Agricultura                                                                       Comercio

Pueblo de Indios (Aregue)                                                Pueblo de Blancos (Carora)

Tiempo circular                                                                 Tiempo Lineal

Sociedad Matriarcal                                                           Sociedad Patriarcal

Teología Femenina                                                             Teología Masculina

La antropología estructural de Leví-Strauss aplicada al fenómeno mariano de Aregue de la virgen de la Chiquinquirá. 

     La importancia en destacar que la Chiquinquirá fue en sus inicios veneración de los aborígenes de centroccidente, pueblos precolombinos del semiárido que viven de la agricultura. Agrupados de manera matriarcal, fueron fácilmente permeados por la advocación femenina neogranadina. Para los españoles y sus descendientes la mujer es de igual manera protectora. Se le presenta a un comerciante llamado Cristóbal de La Barreda luego de un naufragio en el mar Caribe. Agradecido porque cree que ella intercede en su salvación, manda a construir una iglesia en su honor en 1746. Este será el comienzo de la multitudinaria festividad de la Chiquinquirá que nos llega hasta el presente.

    Tal es el arraigo popular de la virgen india que ella se ha convertido en la patrona del municipio Torres y como tal convoca sus devotos desde el vecino estado Falcón, el municipio Urdaneta del estado Lara, el estado Trujillo y hasta del vecino estado Zulia. De igual manera, es la patrona de la Diócesis de Carora, creada en 1992, Ese privilegio lo ha logrado la Virgen del Rosario de la Chiquinquirá de Aregue contando con el apoyo decidido del primer Obispo de la Diócesis, monseñor Eduardo Herrera Riera, su devoto fervoroso.

     La virgen de Aregue representa para los torrenses una suerte de contrapeso a otro fervor marianista del semiárido larense, esto es, la Virgen de la Divina Pastora de Santa Rosa y Barquisimeto. La pastorcilla tiene un poder de convocatoria muy superior al de la virgen india, pero es la “Chinca” y no la pastorcilla la identidad de caroreños y torrenses. Son dos deidades femeninas ligadas a pueblos originarios, pero con la gran diferencia de que la Pastora es una virgen europea y caucásica, no así la virgen de Aregue, que es morena, de rostro ovalado, y el niño entre sus manos tiene un cardenalito, un ave endémica del semiárido en su mano derecha. La Pastora vino embalada desde Andalucía en España. La virgen morena fue pintada en territorio venezolano y salió de las manos de un anónimo artista de la escuela pictórica de El Tocuyo en el siglo XVIII. Fue en este siglo genésico de nuestra cultura- afirma Luis Cortés Riera- cuando comenzó en dar el nombre de Chiquinquirá a las niñas de la jurisdicción de Carora.

     Esta fiesta a La Virgen del Rosario de la Chiquinquirá de Aregue ha tenido sus épocas de esplendor y declive. El obispo Martí la observó horrorizado por sus excesos mundanos en 1776. En la década de 1960 un verdadero río humano acompañaba sus festejos a pesar de las intensas lluvias. En el presente y desde hace 15 años se realiza una caravana desde Carora hasta Aregue en la que participan cada vez más personas. Los zulianos se sorprenden al constatar que esta virgen neogranadina es entre nosotros, los torrenses es devoción más antigua que la Chiquinquirá de Maracaibo, como ha quedado establecido por los trabajos del hermano Nectario María, fundador de los estudios marianos en Venezuela.

      En el año que nos deja atrás, 2021, ha debido ser motivo para celebrar los 400 de la instalación de la virgen neogranadina entre nosotros los larenses en el sitio de Darihuaco o Dariguaco en 1621. Quizás haya sido la pandemia la que paralizó esta conmemoración mariana nuestra.

     La devoción de la virgen india de Aregue es una muestra más del inmenso fervor mariano que vive el continente hispanoamericano. El culto a la mujer ha desplazado a los cultos patriarcales en todo el continente, sin excepción. Ningún santo masculino tiene entre nosotros la fuerza y el empuje de las vírgenes, desde la Guadalupe de México a la virgen de Luján argentina. El filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría se atreve a decir que estamos en presencia de una religión que no se atreve a decir su nombre. Vaticano guarda silencio y es posible que la Iglesia Latinoamericana se escinda de Roma al seguir el camino de la virgen María.  El culto a la mujer es el rostro que define espiritualmente a América hispano-lusa. Es un fervor que no cesa de agigantarse día a día.

     El historiador Cortés Riera ha propuesto que la devoción de la virgen de la Chiquinquirá sea un factor de primer orden para lograr entendimientos espirituales duraderos entre la república neogranadina de Colombia y la República de Venezuela. Recordó que 5 millones de colombianos viven con nosotros y que recientemente han migrado a Colombia unos 4 millones de connacionales. La devoción de la virgen neogranadina es una base común de acuerdos entre estas dos naciones en el presente enemistadas. 

Un río de almas custodian a la Santa Chinca, en la celebración de la Eucaristía tras el arribo a Nicho

DOS CONTEXTOS SOCIALES DISTINTOS PARA LA FE

     Existe una situación que ha sido poco estudiada o no se le ha tomado en cuenta y es el hecho de que en el semiárido larense coexisten dos devociones contrapuestas femeninas y masculinas. Nos estamos refiriendo a los dominantes fervores muy a la virgen María que se expresan en tres escenarios distintos: la Divina Pastora de Santa Rosa-Barquisimeto, la virgen de Altagracia de Quíbor y la Chiquinquirá de Aregue.  Pero por debajo de este fervor hacia lo femenino existe extendida en el estado Lara un fervor bastante extendido por un santo masculino, que no es otro que San Antonio de Padua, varón que está asociado estrechamente al baile negroide del tamunangue, riquísima expresión folclórica que es como resultado de nuestro bien logrado mestizaje ya hecho realidad desde el siglo XVIII.

     Queremos decir que la adoración a la virgen María en sus distintas manifestaciones no ha logrado desplazar del imaginario de los larenses al santo de los pobres y de los negros. No tenemos en Lara núcleos de población negroide como en Yaracuy o Aragua, pero la muy popular danza negroide del tamunangue ha permitido que el santo portugués permanezca entre nosotros. Esta devoción masculina se origina en la Ciudad Madre de El Tocuyo y quizás ello explique la duradera implantación de lo masculino en el semiárido del occidente venezolano. La psicología junguiana de los arquetipos nos aclarará esta coexistencia del fervor femenino y masculino en nuestra geografía espiritual. San Antonio evoca quizás de manera inconsciente nuestro pasado colonial donde las negritudes y la gente humilde de piel morena. Es el espejo donde se observa el bien logrado mestizaje larense desde el mirador del siglo XXI.

     En la ciudad de Carora, ciudad de blancos, san Antonio ha tenido cierto arraigo, el que debemos rastrear hasta los inicios del siglo pasado, cuando bajo su protección y amparo se lleva adelante una pasajera experiencia de iglesia para los pobres de la mano de los reverendos Lisímaco Arturo Gutiérrez Meléndez y Pbro. Dr. Carlos Zubillaga Perera. Desde este momento creemos que el santo portugués se implanta en la psiquis de los torrenses y caroreños. Una devoción masculina popular que no entra en conflicto con el fervor por una virgen india y morena firmemente posesionada entre las clases sociales más humildes. Creemos más bien que la Chiquinquirá de Aregue y san Antonio se complementan y hacen una coincidencia emotiva quizás poco percibida por los estudiosos. En los días que corren el Ministerio de la Cultura ha reactivado la fiesta a san Antonio que tiene lugar los 13 de junio de cada año, en tiempos de solsticio de verano. El fervor de las multitudes no se ha hecho esperar, como podemos observar en la fotografía de abajo.

     La coexistencia de estos dos arquetipos, tanto el femenino como el masculino en festividades como es la Virgen del Santísimo Rosario de la Chiquinquirá de Aregue y san Antonio en el modelo junguiano de la señora y de lo femenil multiplicador de existencia, existe allí todopoderoso. No obstante, coexiste otra religiosidad muy desarrollada en el subdesértico del estado Lara, el de san Antonio de Padua, el santo de los negros y de los necesitados, que conducen y al que se le ofrece la creencia con la expresión didáctica de la unión de tres culturas; la indígena, la española y la africana.  Es un baile de raza negra de tambores, con componentes ibéricos como los instrumentos sonoros de cuerdas, asimismo las autóctonas como las sonajeras.  En varias poblaciones de la entidad larense se festejan las celebraciones patronales cada 13 de junio, inicio del solsticio de verano que ocurre cada 21 de junio, en honor a este santo lusitano. 

La obra pictórica del neogranadino Pedro José de Figueroa - Pedro León Torres, y su icónica semejanza

 Henry Vargas-Ávila  

 

G/D Pedro León Torres Arriechi / 1821
Consumadas las Guerras de Independencia, las recién nacidas repúblicas americanas (como la venezolana) hallaron en el esbozo un intermedio apropiado para catequizar un sumario de apropiación cultural y de cimentación semejante, asentado en una recitación de la historia que ensalzaba las figuras de los precursores de la patria y las batallas de las que surgieron triunfadores.

      En transcurso de la primera mitad del siglo XIX, el continente americano vivió el litigio histórico de las Guerras de Independencia, que simbolizó, por un lado, el desenlace del fin de la gobernabilidad colonial en América y, por otro, el surgimiento de la vida republicana para las nuevas naciones, como la República de Venezuela. La acelerada situación política de este período poseyó un desenlace en el mundo de las invenciones creativas, que jamás ha sido extraño a los acoplamientos que establecen al contexto mutuo. 
    En el contexto venezolano, en el ideal libertador de formar la Gran Colombia, la emancipación transportó alcanzando nuevos temas y disposiciones artísticas, sin menoscabo de que las formas coloniales de entender el arte que predominaran en el nuevo espacio gubernamental.

Rasgos biográficos

 

     Pedro José de Figueroa (1778-1836), educando del artista Pablo Antonio García del Campo (1744-1814), quien fue discípulo de Joaquín Gutiérrez (1715-1805), el reconocido "pintor de los virreyes". El lozano Figueroa matriculó en el taller de García del Campo hacia 1790. Allí, asimiló a pulverizar serrines de colores para arreglar pigmentos, tensar lienzos en bastidores y barnizarlos, copiar láminas impresas y realizar apuntes de dibujo basado en modelos naturales, entre otros conocimientos propios del gremio artístico.

Obra

       De Figueroa hizo la imagen del general español Pablo Morillo (1777-1836). Subsiguientemente, a lo largo de la guerra de independencia del espacio neogranadino  1804 - Pintó un retrato del Virrey Amar y Borbón, que le fue muy elogiado.

1813 - Hizo el único retrato conocido del doctor José Domingo Duquesne, publicado después en el Papel Periódico Ilustrado. Esta obra se encuentra en la sacristía de Gachancipá.

1813 - Pintó un cuadro de Nuestra Señora de la Peña, que lleva la inscripción: "Pintado por J. P. Figueroa en 1813". Este se encuentra actualmente en la iglesia de San Agustín.

1817 - Pintó un segundo cuadro de Nuestra Señora de la Peña, que lleva la inscripción siguiente: Un Verdadero retrato de las imágenes de Jesús y María y José caminantes de Belén a Jerusalén a presentar al Niño Dios en el templo: se veneran en la Ermita de la Peña.

1817-1819 - Al presentarse la guerra de Independencia tuvo que borrar el retrato del oidor don Pablo Chica, «temeroso de alguna desgracia por la espantosa anarquía de aquellos días».

1821 - Hizo algunas pinturas para. La "Quinta de Bolívar" y también varios retratos del Libertador, como también al G/D Pedro León Torres.

1822 - Pintó dos retratos de Bolívar para los Salones de las Cámaras.

1835 - Retocó el famoso cuadro de la Madona de La Candelaria. Obra original de Francisco del Pozo

     La obra de Pedro José de Figueroa no fue muy numerosa, pero sí interesante, pues en ella se puede apreciar el paso de la Colonia a la República. Las pinturas de la Quinta de Bolívar; los retratos de Bolívar; el cuadro de la. Santísima Trinidad (actualmente en la Catedral de Bogotá); varias imágenes de Nuestra Señora de la Peña; los retratos de: Brión, el Canónigo Duquesne, Fray Fernando del Portillo y Torres; y los de los arzobispos Fernando Caycedo y Flórez y Juan Bautista Sacristán, que se encuentran actualmente en la Sacristía de la Catedral.

      En el momento oportuno, los principiantes de Figueroa respondieron las significaciones del maestro, que se consiguen compendiar en los subsiguientes preceptos:

 Elaboración de retratos de medio cuerpo, dibujo exacto de los rasgos fisionómicos del modelo, atención minuciosa al detalle de texturas de las prendas, encajes y objetos que acompañan la composición. El uso de un fondo neutro —a veces complementado con un cortinaje, cuadro religioso o escudo heráldico, y la inclusión de una cartela blanca en la parte inferior del cuadro, muchas veces era completada por el propietario de la obra, con el fin de subrayar los hechos de historias de vida más distinguidos de la figura plasmada.

     El día jueves, 24 de marzo de 1836, Pedro José Figueroa falleció. Su acervo artístico subsistió, habida cuenta que, desde el período de 1830 hasta finales de la década de 1880, sus descendientes, Miguel, Celestino y José de los Santos, así como Groot y García Hevia, perpetuaron su legado con la concepción de retratos, lienzos de temática religiosa o mitológica, paisajes y cuadros de costumbres populares.

     No es sino hasta el período  de 1950, la heredad de Pedro José Figueroa y sus ascendentes al ser recobrado, evaluado y presentado a invectiva por historiadores del arte. El esfuerzo ejecutado por estos investigadores de los anales históricos en los hechos que constituyen un capítulo original para la historia del arte colombiana.

Epónimo Independentista…

     En la conmemoración del bicentenario de su muerte del Hijo Ilustre de nuestro glorioso municipio G/D Pedro León Torres (1788/1822), es recobrado este extraordinario trabajo histórico de la magnificencia inmortal de nuestra Independencia, que junto a innumerables emancipadores, quienes vivieron de esta causa en nuestra América. 

 Como también de nosotros, y tras la urgencia de proporcionar individuos idóneos para el ejército de estos cargos, preponderantes por ministerio de la ley, con especiales cualidades de parte de sus titulares, debió poner aquella colectividad en el camino, o en la situación, de proporcionar los necesarios medios que condujeran a aquel perseguido fin.        


     Héctor García (1940). “La tradición refiere que Torres, y sus hermanos, compadecidos de la triste situación en que la Patria yacía, no vacilaron en ponerse bajo las banderas bolivarianas, incorporándose aquel ejército… Al efecto determinaron dirigirse a la ciudad de Trujillo, donde ofrecieron sus oficios al futuro Libertador.”

          Pedro Domingo Oropeza Pernalete, autodidacta de El Diario de Carora, esgrime que, “Fue un hecho extraordinario, en toparme con este hallazgo dentro mi biblioteca con el libro: Historia de las Fuerzas Militares de Colombia, editada 1993 por Álvaro Valencia Tovar. Qué impresión sentí ante este acontecimiento, por cuanto sin temor a errar, nadie hasta la fecha había dado con un retrato del Pedro León Torres, posando esta imagen que se ubica dentro del mismo texto en página número 30, del referido texto, en cuestión”.

     Análisis:

Autor: Pedro José de Figueroa (1788/1836)

Denotación: Obra poli cromada del período colonial de Pedro León Torres. Óleo del Epónimo realizado en año 182, el pintor neogranadino Pedro José de Figueroa. Dimensiones: Pintura óleo/ tela: 73.5 cm. x 60.5 cm.

Esta obra está registrada en la Colección Museo Nacional de Colombia, Registro N.º 383.

La obra fue adquirida por el Ministerio de la Institución Pública con destino al Museo Nacional de Colombia, el día viernes, 25 de abril de 1913.

Connotación; Inmediatamente, a lo largo de los acontecimientos acontecidos en la campaña militar de reposición del los héroes de la Independencia, Figueroa hizo el retrato del G/D Pedro León Torres.

Se presume este lienzo fue un encargo hecho por el virreinato de nueva granada ocurrido entre los años 1815 y 1819 como parte de la campaña militar de la restauración de la monarquía Nueva granadina.

Podemos contemplar una figura diseñada a cuerpo completo del General Pedro Nueva granadina.

Podemos contemplar una figura diseñada a cuerpo completo del General Pedro León Torres, luciendo su uniforme militar, demostrando de esta forma el grado castrense.

La presente obra muestra una imagina rígida, carente de volumen y una aproximación al retrato del General Torres.

Las composiciones simples, enmarcadas concernientes a su mirada, señalan en un contexto iconográfico aspectos revolucionarios.

De esta manera, el tratamiento del color demuestra la gran riqueza cromática en su paleta, Este maestro copista nos demuestra su gran talento en la reproducción pictórica. Dejando un legado documental para la historia. Este maestro copista nos demuestra su gran talento en la reproducción pictórica. Dejando un legado documental para la historia.


La cárcel del amor de la iglesia San Juan Bautista de Carora

     Henry Vargas-Ávila

Fue el escritor venezolano Mariano Picón Salas quien dijo que “a pesar de dos siglos de enciclopedismo y de crítica moderna, los hispanoamericanos no nos evadimos enteramente del laberinto barroco. Pesa en nuestra sensibilidad estética y en muchas formas complicadas de psicología colectiva”. 
1 El mexicano Octavio Paz agrega que “habría que añadir que también está presente en la vida política: el nepotismo y demás supervivencias del patrimonialismo español; en la vida sexual y en las relaciones familiares, dominadas por las figuras antagónicas y complementarias del Patriarca, el Parrandero y la Madre y en otros rasgos de nuestra vida moral e intelectual…”.

Mucho ha hecho el Santo Concilio de Trento del siglo XVI para formar las conductas de los católicos, proclives al desenfreno y a la vida disoluta. Los sacerdotes de este conclave determinaron que el matrimonio es un sacramento y además como un contrato, que nace de un acuerdo de voluntades y que es, según el Canon 7, Sección XXIV, un sacramento indisoluble: para toda la vida. 

En la remota ciudad de blancos de Carora, ubicada en el semiárido occidental de Venezuela, llamada con justeza desde principios del siglo XX “Ciudad levítica de Venezuela”, los sacerdotes inventaron una cosa muy ingeniosa llamada “cárcel del amor” para colocar allí a las parejas matrimoniales en conflicto y desavenencias. Estaba de por medio la lección moral de san Juan el Bautista, quien fue condenado a morir por Herodes Antipas, quien cortejaba a la esposa de su hermano, relación que desaprobaba con ardor públicamente Juan y que le cuesta la vida. 

A pesar del rígido patriarcalismo existente entre los mantuanos o patricios caroreños y quizás por ello mismo, el sagrado vínculo del matrimonio entraba en esta ciudad temerosa de Dios en serios descontentos y antagonismos. Como no existía el divorcio matrimonial, que no llega sino con el presidente Cipriano Castro a principios del siglo XX, había que hacer lo posible que las parejas se reconciliaran sin llegar a la ruptura total. Había casos de infidelidad y hasta desamor, pero la Iglesia Católica con su poder creía necesario restaurar el orden perdido. El adulterio era frecuente y quizás lo que motivaba a los curas de la iglesia de san Juan a encerrar a parejas desacordadas. 

Para tal fin se dispuso una pequeña habitación contigua a la sacristía, donde las parejas enojadas y en conflicto pasaban días y semanas juntos y bajo la vigilancia estricta de los levitas. Se les suministraba literatura sagrada, se les sermoneaba y se les proporcionaban la debida alimentación y una cómoda cama. Con todo, la “cárcel del amor” no logra de manera total evitar las uniones extramaritales y a veces ellas eran toleradas por la sociedad. Muchos mantuanos caroreños se sienten orgullosos de tener hijos naturales. Lo veían como una manera de garantizar confiable obra de mano para sus haciendas y fincas ganaderas, bovinas y caprinas.

Esta celda de cupido ha desaparecido y solo queda el recuerdo de ella. Contribuyó a ello la implantación del divorcio vincular en 1904 por el “Cabito” Cipriano Castro, a la relajación general de las costumbres por influencia anglosajona y a la llegada de la ciencia de la psicología a Venezuela que hicieron inoperantes los eróticos barrotes de la iglesia de San Juan Bautista de Carora. 

Es una verdadera pérdida para la memoria sentimental que no haya quedado registro fotográfico de esta curiosa celda, que hubiese maravillado al mismísimo padre del psicoanálisis, el médico judío Sigmund Freud y también al autor de La llama doble. Amor y erotismo, el Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz.


EL HEPÓNIMO PEDRO LEÓN TORRES ARRIECHE, FIEL DEVOTO DE SAN JUAN BAUTISTA

 Henry Vargas-Ávila

     Cécil Humberto Álvarez Yépez nos dice que es conocido que este héroe de la Independencia suramericana era masón y que la logia masónica con sede en la ciudad de Carora lleva actualmente el nombre de este insigne y egregio patriota venezolano. Sin embargo, era un católico fervoroso y devoto, fiel del santo patrono de la ciudad de Carora, que lo vio nacer en 1788. Oropeza, L. (1974) escribe que su entusiasmo religioso por Juan el Bautista le viene por haber nacido un día después del día donde se celebra universalmente al santo patrono, es decir, el 25 de junio, en pleno solsticio de verano.

    Fue bautizado el niño Pedro León Torres en la iglesia de San Juan Bautista de Carora, ciudad que varias décadas más tarde será llamada con propiedad Ciudad levítica de Venezuela. La partida de nacimiento del futuro héroe de las batallas de San Félix y Bomboná, dice:

“Hoy día cuatro de julio de mil setecientos ochenta y ocho, yo, el Br. Judas Tadheo Riera, Cura de la Santa Iglesia Parroquial de esta ciudad de Carora, dí licencia al Bachiller Dn. José Félix Espinoza (de Los Monteros), Cura del pueblo de los Arenales; y usando de élla bautizó solemnemente, puso Santo Óleo y chrisma y dió bendiciones según el Ritual Romano a un niño que nació el día 25 de junio, al puso por nombre Pedro León de la Trinidad, hijo legítimo de Dn. Francisco de la Torre y Da. Francisca Arrieche. Fueron padrinos Dn. Juan Andrés Antonio Oropeza y Da. Josefa Ignacia de Arrieche por poder que para ello le dio Da. Rosa Muñoz de Ortega, vecinos de la ciudad de Caracas, a quienes advertí parentesco espiritual y su obligación de que certifico. (Pbro.) Br. Judas Tadheo Riera”. p.38



Acta de nacimiento del Epónimo del municipio, el G/D Pedro León Torres Arrieche, cortesía de Emma de Herrera, celadora del Archivo Diocesano de Carora


      El historiador García-Chuecos, H. (1940) nos dice:

“Habiendo tenido a la vista una la copia certificada de la partida de bautismo. Corre inserta   en la Sección de Ilustres Próceres. Archivo Nacional, Expediente de Pedro León Torres, Tomo XCII, folio 315. En la referida partida no hace constar que Torres, naciera en Arenales. p.23, y que: el 25 de junio de 1778 fue día de júbilo para el hogar Torre Arrieche. Por tercera vez el cielo bendecía aquella unión y nacía un niño, el que muy luego, el 4 de julio del mismo año, era llevado a la pila bautismal y se le daba por nombre Pedro León de la Trinidad. Le impulso el sacramento el bachiller José Félix Espinosa de los Monteros, cura del pueblo de Arenales, en uso de licencia que le había concedido el bachiller Judas Tadeo Riera, Cura Teniente de la Iglesia Parroquial. Fueron los padrinos, de acuerdo con las prácticas de la Iglesia, don Andrés Antonio de Oropeza, y doña Josefina Ignacia Arrieche, en representación está de doña Rosa Muñoz y Ortiega, vecina de la ciudad de Caracas y esposa del criado doctor Juan Agustín de la Torre”. p.23

 

     Por la rama Arrieche nuestro biografiado lleva en sus venas, sangre de Vizcaya, dado que madre era nieta de don Pedro Regalado de Arrieche, vizcaíno, el primero de esta familia que se estableció en la ciudad de Carora, en donde contrajo matrimonio el 19 de marzo de 1688, con doña Juana Riera.

     Desde muy joven Pedro León se siente atraído, quizás por tradición de su familia, por Juan el Bautista, y cuando practicaba los llamados toros coleados, un peligroso y viril deporte, se invocaba al santo patrono para su protección y amparo. Lo mismo cabe decir en los múltiples encuentros armados que protagonizó en Venezuela y en Colombia, desde 1811 hasta 1822, donde mostró una valentía y coraje pocas veces visto.

     García- Chueco (op.cit.) nos resalta que:

 Carecemos de documentos que nos informen de que cómo se desenvolvieron los primeros años de la vida de Torres. El material histórico del que disponemos referentes a los últimos años de la Colonia, escasean en datos acerca de la existencia de escuelas primarias en lugares apartados de los centros políticos y comerciales, y consecuentemente ignoramos los nombre de aquellos humildes civilizadores a cuyo cargo estuviera la obra meritísima de difundir elementos conocimientos de literatura y ciencia, en la mayoría de nuestros pueblos del interior. p.25

 

     Oropeza. (Ob. cit.) Dice que en 1888, en tiempos del llamado “guzmancismo” en la Iglesia Matriz de San Juan, leyó un emocionado panegírico, el Pbro. Dr. Maximiliano Hurtado, quien “hizo presente que por las tradiciones de la Iglesia se sabía que la antigua y rica capa de la imagen de san Juan Bautista, era un presente que el General de División Pedro León Torres había hecho a ese santo de su veneración: y que, por la feliz coincidencia de las fiestas del Santo y del Héroe, exponía en el templo la histórica reliquia a la pública contemplación”. p.45  En entrevista, Emma Oropeza de Herrera nos refiere que: Se sabe que esta capa de terciopelo, hoy lamentablemente desaparecida, era de color carmesí con sobreguardas de oro.     Este fervor religioso acompañó al héroe de la Batalla de Bomboná en la Campaña del Sur, liderada por el Libertador Simón Bolívar. Es de seguro que, al recibir mortales heridas en este encuentro armado del día domingo, 7 de abril de 1822, haya encomendado su alma a Juan el Bautista para morir meses después en un hospital de campaña de los realistas, el día jueves, 22 de agosto de ese mismo año.

    El Cronista Municipal, Luis Cortés Riera, nos dice que: En este presente año 2022 se ha constituido una Comisión del Bicentenario del Fallecimiento del General de División Pedro León Torres, que se ha propuesto, con justeza y patriotismo, repatriar sus restos mortales del Héroe de Bomboná que se encuentran en una iglesia de Yacuanquer, al sur de Colombia, para ser colocados en el Panteón Nacional de Venezuela, Caracas, el próximo día lunes, 22 de agosto de 2022, una verdadera deuda histórica a saldar. La devoción al Bautista del Héroe independentista caroreño deberá ser puesta de relieve en tan magna y gloriosa ocasión que reafirmará, sin duda, nuestra Idea de Nación., como plantea Reinaldo Rojas, 2011, p.16 y sgtes.

 


Manuel Pérez Vila, “Ciudades Cuatricentenarias”


El  historiador y pedagogo, español Manuel Pérez Vila (1922/1991), publicó en año 1976 un ensayo extraordinario y pasmoso que nos ha hecho indagar nuestra idea sobre la historia hispánica: Ciudades Cuatricentenarias”, los pasos de los fundadores de las primeras ciudades venezolanas en una crónica editada por Cuadernos Lagoven, serie: El Hombre y el Ambiente. En esta extraordinaria obra Pérez Vila refiere a la generación  de primer orden en el desarrollo de la historiografía nacional, dándole un matiz a la contribución histórica sobre los ejes de penetración y de los núcleos de poblamiento urbano.
Manuel Pérez Vila
            Adentrándose a esta extraordinaria, obra, donde se describe la España del siglo XVI que acomete la tarea de ocupar un inmenso continente, el Nuevo Mundo, es una nación en la que se superponen diversos planos temporales. A medio camino entre el Medioevo y la modernidad es España una nación excéntrica y particular. En 1492 expulsa a los árabes, unifica bajo una corona su territorio y comienza su expansión ultramarina. Sin embargo, un rasgo premoderno acompaña este período de esplendor: el fervor proselitista de la Evangelización. Convertir a la fe verdadera a los infieles es una firme idea española que convive y se imbrica con otras de más reciente factura, el Renacimiento, la ampliación del conocimiento geográfico y de la ecúmene, la Contrarreforma católica. Se trata de una España que vacila por situarse entre lo medieval y lo decididamente moderno la que llega al Nuevo Mundo en el siglo XVI.
            Busca nuevas rutas comerciales, pero también desea expandir la fe verdadera en Jesucristo. El conocimiento cartográfico y las citas bíblicas se mezclan en un mismo texto con ideas de la Antigüedad clásica greco-romana. Llegan estos hombres en el siglo XVI y comienzan a fundar una red de ciudades sobre las cuales habría de crearse como proyecto una América hispana, europea, católica; pero sobre todo un imperio colonial en el sentido estricto del vocablo.[1]La ciudad es un orden pensado, dice Ángel Rama, un parto de la inteligencia.[2] Su forma de damero es un principio regulador de la unidad, planificación y un orden riguroso, que traducía una jerarquía social.[3] La fundación es un acto político cuidadosamente notariado y que significaba, dice Romero, el designio -apoyado en la fuerza- de ocupar la tierra y afirmar el derecho de los conquistadores.[4] Se hacía una elección más o menos cuidadosa del sitio en el que se trazaba “a cordel y regla” sus manzanas y calles.[5] “El acto político se completaba de diversas maneras, dice Romero. La celebración de una misa o la entronización de una imagen (que) agrega un elemento sagrado a la fundación”.[6]
            La fundación de las ciudades hispanoamericanas y las formas diversas de penetración a través de la conquista y poblamientos, están en estrecha relación con la acción evangelizadora de los misioneros y el surgimiento de las llamadas doctrinas. Las comunidades religiosas y entre ellas principalmente los dominicos, los franciscanos, los agustinos y los jesuitas realizaron una importante labor misionera alrededor de las doctrinas.
         
   Traigamos a nuestra memoria algunos nombres y fechas –sobre ciudades existentes en nuestros días: Cumaná, 1521-1522, sin olvidar la abadía de franciscano; Coro, 1527-1529, Puerto de Mar (Porlamar) o Villa del Espíritu Santo, iniciaba hacia 1528, fundada oficialmente en 1536; Maracaibo, en sus tres fundaciones, empezando por la Alfinger en 1529; El Tocuyo en 1545; Barquisimeto, en 1552; Valencia 1553; Trujillo, en 1557; Mérida, 1558; San Cristóbal, 1561; La Asunción, 1564-1567; Caracas, 1567; Caraballeda, 1567, Carora, 1569; La Grita, 1576; Barinas –o Altamira de Cáceres- 1577… fundaciones antes de 1577 no que no han llegado hasta el presente: Nueva Cádiz de Cubagua, La Borburata, El Collado, San Miguel de Neverí, la Villa de San Francisco…

       Describe las poblaciones del primer grupo en un orden más o menos cronológico, sin rigideces paralizantes, e intercalado en sus lugares a las del segundo grupo, obtenemos una lista de nombres y fechas que poco nos dicen en verdad. Tres son los ejes de penetración: el de Oriente, originado en Cubagua-Margarita, que tiene por base a Cumaná en tierra firme y se extiende luego por el Orinoco hacia Guayana; en Occidente, desde la costa, que penetra por Coro hasta El Tocuyo, se abre en abanico hacia Trujillo, Maracaibo, Barquisimeto, Carora y se extiende hacia la región central…
    De El Tocuyo partió en 1557 la expedición que al mando de de Diego García de Paredes, Gobernador  y maestre de campo… tras fundar la Nueva Trujillo, en el sitio de Escuque,  a mediados del año 1559, tras la presión de los indígenas obligó a despoblarla, era la primera de una serie de mudanzas que le ganaron a Trujillo- que también le cambió de  nombre varias veces- el apelativo de ciudad portátil. Otro capitán Francisco Ruíz, continuó la empresa y se asentó brevemente en el mismo lugar que aquél, pero llamó a la provincia de los cuicas. Volvió, pues, en diciembre de 1559, a la ciudad que había fundado, nombrándola, ahora, Trujillo de Salamanca…
    En esta excepcional obra Pérez Vila, describe a Carora,  En una comarca de “tierra sana y de buenos indios naturales”, “buenísima para criar ganados mayores”, regada por el río Morere, fundó Juan del Tejo, por octubre de 1569, la población de Carora, “que se nombra de “Nuestra Señora de la Madre de Dios” y que por poco más tarde vino a ser conocida como San Juan Bautista del Portillo de Carora.

 Mas adelante refiere en su investigación que, “La expedición pobladora inicial partió también de El Tocuyo. Realizaba la fundación, Juan del Tejo fue uno de los primeros –sino el primero- Alcaldes Ordinarios de la ciudad. Al parecer, el asiento inicial no resultó conveniente, y a principios de enero de 1571 Pedro Maldonado la mudó de lugar. Se suscitaron rivalidades, y Maldonado anuló varias de las encomiendas que Tejo había señalado, pero no hubo solución de continuidad en cuanto a la población misma. Sin embargo, a causa del pleito de las encomiendas, Maldonado fue conducido preso a Coro. Tal vez por este motivo entró a servir Juan de Salamanca como Teniente de Gobernador, como se conjeturó en un tiempo sino Juan del Tejo en 1569”.  
     



[1] Romero, José Luis. Latinoamérica: las ciudades y las ideas. 1979-99. Editorial Universitaria de Antioquia. Colombia. 532 p.
[2] Rama, Ángel. La ciudad letrada. 1985. Fundación Ángel Rama. Montevideo, Uruguay. 178 p.
[3] Ibíd. p. 15 y Romero, José Luis. Ibíd. p. 56.
[4] Romero, José Luis. Ibíd. p. 55
[5] Rama, Ángel. Ibíd. p. 15.
[6] Romero, José Luis. Ídem.